viernes, 23 de enero de 2015

La formación

Hola, esta vez voy a hablaros de la  formación.

Pero no lo voy a hacer aquí, en esta ocasión lo haré a través del blog de la Pedagogía Blanca.


Pinchad sin miedo en el enlace y... ¡vámonos!


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lunes, 12 de enero de 2015

Evaluaciones

¿Cómo evaluar en un centro educativo?

Tenemos un serio problema con el tema de la evaluación.

Cuando aprobé las oposiciones en 2004 me dijeron después que, al parecer, buscaban a gente que fuera firme en las clases, que tuvieran las cosas claras y que no se dejaran achantar tan fácilmente ante la presión de otros. Y, además, que fuera exigente en las evaluaciones. Yo no recuerdo haber hablado mucho en mi examen oral de los exámenes. Hablé mucho de juegos, de actividades variadas, de jugar con cosas propias de mi especialidad (que es Lengua). Recuerdo que un examinador me preguntó hasta en 3 ocasiones que si yo iba a estar jugando todo el día con los niños, que cómo iba a evaluarlos. En aquella época, respondí que los juegos sólo eran una metodología, que luego había actividades, exámenes (quién me iba a decir que los iba a renegar años después...). 

La normativa, al menos, en Andalucía, nos obliga a evaluar. Evaluar, no examinar. Si no recuerdo mal solo se habla de un examen, que es la convocatoria oficial ordinaria de junio y la extraordinaria de septiembre. No se nos pide hacer exámenes cada tema, cada mes, cada trimestre... Podemos evaluar como queramos, siempre con responsabilidad y acierto. Dejamos atrás aquellos mitos de fulanito solo aprueba a las niñas guapas, o tira los exámenes al aire y los que caigan de canto, o... No. Pero, quitando esos casos propios de la mitología urbana (y, en ocasiones, no tanto) debemos evaluar como estimemos más oportuno.   

Comentarios del tipo: a mí me trabaja, me hace las tareas, entiende las cosas pero luego no saca más de un dos en el examen, así que he tenido que suspenderlo... ¿cuántas veces los hemos podido oír? ¿Cuántas?

Los maestros y profesores tenemos miles de herramientas diarias para observar y evaluar el trabajo y provecho de nuestros alumnos dentro de cada una de sus posibilidades. Utilicémoslas, por favor:

Si trabaja, si no, si participa, si le gusta, si investiga, si charla, si distrae o si se distrae a sí mismo, si juega, si actúa, si se achanta, si disfruta, si aprende, si crea cosas nuevas, si se niega, si se te enfrenta, si te responde a un grito con otro o con un "maestro, yo a usted no le estoy gritando", si pregunta dudas y si las resuelve con o sin ayuda,... Y tantas y tantas cosas que podemos observar al cabo del día. Y no hay que entenderlas como algo malo. Yo, en ocasiones, valoro muy positivamente que un alumno se me enfrente o me plante cara diciendo que hay algo con lo que no está de acuerdo. No soy yo quien va a castigar o sancionar que no estén de acuerdo conmigo, siempre que sea dicho con respeto.

Y en la evaluación hay aspectos que no deberíamos olvidar, como el hecho de dejar que los chicos y chicas nos evalúen a nosotros. Y, a ser posible, trimestralmente. ¿Qué os parecen las clases? ¿Qué cambiaríais? ¿Cómo es el profesor? ¿Qué os gustaría hacer el próximo trimestre? ¿Qué añadiríais? O cualquier otra pregunta que se os ocurra. No hay que rebuscar mucho, preguntas directas, simples concretas y, siempre, adaptadas al alumnado que tengáis enfrente.

En la evaluación también hay que tener en cuenta el contexto vital de la persona que estamos evaluando. Si vive con padre y madre, si no, si tiene problemas con la justicia, si está pendiente de un divorcio complejo o llevadero, si sus padres tienen trabajo, si se le murió alguien hace poco, su forma de relacionarse o de jugar con otros, si tiene o ha tenido alguna enfermedad... cualquier cosa que sea interesante para tener en cuenta su rendimiento en el centro. Evaluar este tipo de cosas nos permite acercarnos más a ellos y saber más de ellos, y eso nos permite conectar a unos niveles a los que otros no llegan. Esa confianza, muchas veces, resulta crucial para enganchar al alumnado y que tire "pa'lante", aunque sus circunstancias sean adversas.

Evaluar no es poner un número. Eso es lo más fácil. Cuando llega un final de trimestre yo suelo preguntarle a mis alumnos: "Honestamente, ¿qué nota crees que te merecerías este trimestre?" Después de oír al gracioso decir "pues un 10" se oyen más voces. Normalmente, la mayoría hace un esfuerzo por ver cuál ha sido su trabajo, su interés... y te dicen la nota que creen que merecen. Casi siempre coincidimos. La única pena es que nos sigan obligando a poner un número. Ojalá pudiéramos evaluar con un "excelente, me ha encantado tu trabajo, creo que podrías hacer más, ha sido maravilloso, te has pasado tres pueblos, no has hecho ni el huevo, me has dejado perplejo..." Claro que nuestro actual mundo cartesiano se cortocircuitaría al no saber cómo hacer las medias...

Sin embargo, evaluar es mucho más. Es conocer a la persona, es verla, observarla, hablarle, guiarle, pedirle, llevarle, leerle, atenderle, mirarle a los ojos, ofrecerle...

¿Qué está bien y qué está mal? ¿Por qué coger el lápiz de determinada forma está bien o mal? ¿Escribe bien? ¿Está cómoda? ¿Se hace daño en los dedos? Entonces, qué más da cómo lo coja... ¡Es que esto no es así!, decimos en multitud de ocasiones... Y, reconozcámoslo, muchas veces da igual que sea de una forma u otra, pero insistimos en una sola, por los motivos que sean. En otro post hablaré de esto y del ejemplo de un profesor que no le gustaba la respuesta de su alumno en el examen porque no era la "correcta" (o sea, la que él quería).

Insistir, por último, en la idea, a veces olvidada, de que trabajamos con personas. Personas que necesitan el mismo respeto que nosotros, el mismo cariño que queremos, la misma profesionalidad que nos gustaría a nosotros, la cercanía  que se merecen... Ni más ni menos. Lo mismo que nos gustaría a nosotros.


Insisto, evaluar no es examinar ni es reducirlo todo a un examen o a tres, sino recoger múltiple información al cabo de los días.


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lunes, 5 de enero de 2015

Feliz 2015

Acabamos de entrar en este nuevo año, el 2015 y no quería dejar de felicitar a todos mis lectores además de pedirles un favor:

si hay algún tema del que queráis que escriba (y si me veo lo suficientemente preparado como para hacerlo), me sería de gran ayuda. En ocasiones no sabe uno realmente qué temas son los que os podrían interesar. Podéis dejar aquí mismo vuestros comentarios y los recojo.
Ya os tengo, no obstante, dos temas preparados sobre la evaluación y los exámenes.

Os dejo, ahora sí, con unas palabras que escribí el pasado 4 de enero en mi facebook. A partir de una serie de ideas que me comentó mi mujer decidí escribir estas palabras, muchas de lasque escribí son de ella misma, yo las ordene simplemente a mi conveniencia y le hice un par de añadidos insignificantes.

A veces, echar de menos a alguien hace que nos infravaloremos hasta límites abisales que ni siquiera hubiéramos sospechado poder llegar.

A veces, una persona se va y nos deja un vacío tal que anhelamos hasta el aire que respira, desfallecemos y queremos incluso morir.


A veces, solo a veces, esa persona nos abandona y causa un dolor de proporciones inconmensurables.


Pero si le damos muchas vueltas, ya no es dolor, es sufrimiento. Al dolor hay que hacerle su duelo y dejarlo ir. Sin más. Puede llevarte un día o un año. Pero si nos seguimos mortificando entramos en el sufrimiento, y éste sí es evitable. Con paciencia, con cariño, con amor, con soledad, con amigos o con una cerveza si es necesario (o 10). 


Lo que sí debemos tener claro es que nosotros no somos ese dolor. El dolor viene y debe irse. Nosotros somos mucho más que un dolor. Infinitamente más.
No lo olvidéis.

Jamás.
He visto a mucha gente sufrir este 2014 pasado. Los he visto en persona, por carta, teléfono o facebook.
Recordad que sois mucho más que el dolor. Paciencia y amor.
Os deseo a todos lo mejor para el 2015.
De todo corazón.



martes, 16 de diciembre de 2014

Conciliación laboral familiar

Se habla siempre de la conciliación laboral y familiar como uno de los grandes inventos.

Ilusos nosotros que aún no nos hemos dado cuenta de que no es un invento para conciliar razonadamente y de  verdad. Sigue siendo una creación de la sociedad mercantil que lo intenta dominar todo.

Vamos a conciliar. Venga. A las 07.30 salimos de casa con los niños para el colegio. Pero, ¿no entran a las 09.00? Sí, pero yo entro a las 08.00, así que, como tengo la suerte de disfrutar de una conciliación laboral y familiar, pues llevo a los niños a las 07.50 al aula matinal (que ya el nombre en sí es un engendro del maligno), los dejo en el comedor, extraescolares y los puedo recoger a las 17.00, o a las 18.30... según los días o  según los casos.

Estoy encantado/a.

No nos engañemos, eso no es conciliar, eso es explotación infantil. No podemos estar dejando a los niños aparcados en manos de desconocidos de forma constante, porque los niños lo que necesitan es a su padre y a su madre. Y a sus hermanos si los tiene, y a los abuelos y los titos.

Los niños, cuanto más tiempo en el cole, más agotados terminan, física y emocionalmente. Los niños, vuestros hijos, necesitan pasar tiempo con vosotros, más allá de un anuncio de ikea que te desamuebla la cabeza. Tiempo, eso es lo que necesitan: jugar, reír, llorar, enfadarse, comer, hacer sus necesidades, preparar la cena, poner la mesa, hacer camas... ¡EN FAMILIA! Lo que sea, pero en familia, juntos.

Claro que, también es cierto, he oído a madres decir que ellas no se van a quedar 4 meses de baja en casa y con el niño. Que ella se incorpora antes, que la casa se le cae encima, que el niño es un trasto, que prefiere contratar a alguien que se lo cuide y lo lleva al cole y lo recoja. Que digo yo, que a lo mejor esa persona que lo cuide también podría haber hecho el amor con su marido (o pareja), y ya se hubiese quitado el problema de en medio del tirón.

Tenemos que hacer lo posible entre todos por cambiar este tipo de situación en lugar de alimentarlo. No soy ideólogo como para establecer una nueva trayectoria, pero lo que sí está claro es que a los niños, en los coles, muchas veces, les acabamos dando el cariño que les falta en la casa. Que hay niños que luego ven a su seño como una mamá.

¿Por qué crece el homeschooling? ¿Por qué la gente quiere ir menos al trabajo  o al cole? 

El mundo va muy rápido y no nos da tiempo a acumular las experiencias que queremos. Nos falta tiempo para leer, para ir al cine, para ir de copas con los amigos, para ir de compras, para escribir, cantar, pintar... Nos falta tiempo para todo lo que nos venden, nos entra por los ojos y queremos hacer. Y al final, ¡cómo no!, nos falta tiempo para nuestros hijos e, incluso, sobre todo, para nosotros mismos.

Cuando la mujer empezó a incorporarse al mundo laboral, lo cual me parece que fue genial y tardío, se hizo a costa de los niños. ¿No se podía haber hecho a costa de los maridos? ¿No se podía haber hecho a costa de reducciones de jornada? ¿De hacer menos cruceros o no comprarse un sillón relax? Hemos relegado a los niños. Para algunos, incluso, son un estorbo... no se dan cuenta de que esos padres son el auténtico estorbo, para sus hijos y para la misma sociedad.

Conciliar no es aparcar a los niños en el cole/guarde cuanto más tiempo mejor. Hemos querido dignificar tanto el trabajo, que hemos arruinado lo más preciado que tenemos.

Tengo compañeros que nunca se habían planteado una reducción de jornada... hasta que me han visto súper relajado (y con menos dinero). Algunos la han pedido ya también. Sé que hay gente que no puede ni plantearlo, pero es que los empresarios son los que deberían sugerirlo, ¿me oye Señora De Oriol? Un empleado feliz, que disfruta más de sus hijos, de su familia (aunque cobre menos), rinde mucho más. A lo peor es que no hemos profundizado en lo que nos gusta realmente y nuestro trabajo está en otro sitio. Cuesta mucho decidir, cuesta mucho cambiar, cuesta mucho dejar atrás. Pero sí, en ocasiones, la vida es un desierto que hay que cruzar para llegar a la tierra prometida.

Quizá haya que hacer un recálculo de nuestra ruta vital.




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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Entrevista en RNE. El canto del grillo.

Esta vez os dejo el podcast de RNE con la entrevista que me hicieron la semana pasada en El canto del grillo, programa que recomiendo (hay de todo y para todos los gustos, solo hay que elegir).
Os lo dejo en formato vídeo a través de youtube porque pesaba demasiado como para incrustarlo en el blog directamente.

Gracias a Yolanda Náñez, productora del programa, por fijarse en mi entrevista con Gema Lendoiro en ABC y decidir buscarme para este programa de radio.

Gracias a Azucena y Mireia (La Pedagogía Blanca), por fomentar estos encuentros. 

Gracias a RNE-Málaga por abrirme sus puertas a horas intempestivas para poder realizar dicha entrevista.

Y gracias a todos y todas los que colaboráis para tener un mundo mejor, cada uno desde su sitio y/o trabajo, desde su perspectiva. Si creéis que estas cosas son buenas, no dudéis en rebotarlas por las redes sociales, en ocasiones, calma mucho e infunde confianza el hecho de ver que no eres el único. En otras ocasiones te da igual si tú lo tienes claro, también es cierto. Pero puede que haya gente que oiga palabras o que lea cosas que le hagan reflexionar, meditar o actuar, como yo lo he hecho cuando he oído o leído a otros.

Solo desearos que os guste, que la disfrutéis y que, si es así, le deis publicidad. Entre todos se pueden cambiar las cosas, solo hay que ponerse. Y yo, hartito ya de tantas cosas, me he puesto en marcha. ¿Quieres colaborar? Solo comparte, no cuesta dinero.

Y cualquier cosa que se te ocurra, siempre que sea constructiva, puedes dejar un comentario.

Gracias.
                              
                              
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