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lunes, 20 de abril de 2015

Y qué me tiene que decir el informe Pisa

No me entendáis mal, mi primer pensar es para esas familias que esta mañana han sido agredidas en su trabajo, en su instituto: un profesor fallecido y 4 personas heridas. Mi primer respeto va para todas esas familias que ahora están en un proceso difícil de digerir. Y, de veras, lo siento mucho. Mi pesar es grande y se me entremezclan multitud de sentimientos en estos momentos: como ser humano, como padre, como profesor, como ciudadano, como todo... muchos sentimientos navegan por el sinsentido de la noticia.

¿Qué hace que un niño de 13 años fabrique, aparentemente, una ballesta con bolígrafos y ataque a su profesora en la cara e intente rematarla con un puñal?
¿Qué hace que la hija de la profesora, presente en esa misma clase, se levante para ir a ayudar y reciba otro ballestazo?
¿Qué hace que un profesor, al oír los gritos, se vaya hacia allá desde su clase y se encuentre con un ataque frontal y certero que lo deja muerto en el suelo?
¿Por que era lunes?
Algo no estamos haciendo bien para que sigan sucediendo estas cosas. 

No trato de buscar culpables, nada más lejos de mi intención. Trato de buscar soluciones. Respuestas y soluciones.

Esta misma mañana, en mi muro de facebook, compartía unas palabras de Mireia Long acerca del informe Pisa.

Miren ustedes, el informe Pisa, por favor, imprímanlo en un papel con muuuucha celulosa, porque lo vamos a acabar usando para eso mismo, para limpiarnos el culo (y perdonen la expresión). Me importa más bien poco lo que diga ese informe, solo hay que dar un paseo por las ciudades, por los centros escolares, ver noticias, leer los miles de casos de presunta corrupción, escuchar conversaciones...

Y aunque el informe Pisa dijera que somos los mejores del mundo mundial, me daría igual, porque, ¿saben qué? Mientras estas cosas sucedan a diario es que hay algo que no va bien: mientras haya niños que se encuentran en el peor boquete del mundo como para hacer esta barbaridad, mientras haya personas que hagan sufrir a otras solo porque no supieron canalizar sus emociones (camuflados de simple diversión), mientras haya niños abandonados, maltratados, ignorados, perseguidos o insultados, mientras sigamos mirando para el otro lado, mientras no nos pongamos todos manos a la obra para ver más allá de nuestras simples y respetuosas  narices..., de verdad, de corazón, me importa lo que no voy a decir, lo que diga el informe Pisa, pisa papeles, pisa mierdas o pisa al de al lado para trepar más que tú.

Mi homenaje de hoy va con la canción del grupo The Boomtown Rats y su canción I don't like mondays. Cuenta una historia similar, una historia incomprensible de hace muchos años; en el fondo, triste canción de finales de los 70 y escrita por Bob Geldof.  La historia, si la quieres leer, en este enlace, si no, no entretengo más.

Tell me why? Tell me why?



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jueves, 12 de marzo de 2015

Quizás hoy no es el día

Quizás hoy no es el día.

Miro a mi alrededor y veo tal cantidad de cosas buenas que hasta me duele.

Pero cuando estás cansado, te duele también todo lo demás.

Es increíble que no queramos hacer las cosas bien. 
Es increíble que no queramos desprendernos de aquello que nos aporta tanta seguridad, aunque sepamos a ciencia cierta que no es lo que queremos ni lo que nos conviene.
Es increíble que, con el corazón en la mano, no seamos capaces de vislumbrar el camino.
Es increíble que no tengamos el corazón en la mano para decidir las cosas más esenciales de nuestra cotidianeidad.
Es increíble que no nos sintamos con la capacidad de afrontar las cosas como son.
Es increíble y asqueroso que prefiramos un rumor antes que ir a donde sea y aclararlo con la persona que corresponda.
Es increíble que no seamos capaces de ponernos de acuerdo en las cosas más elementales.
Es del todo increíble que prefiramos proferir de todo menos cosas bonitas sin escuchar otras perspectivas.
Es absolutamente increíble que no seamos capaces de mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de lo que sucede: un árbol que ha crecido o ha perdido sus hojas o ha echado flores, calles reasfaltadas porque llegan las elecciones, un padre que grita a su hija por la calle porque se le va hacia un paso de peatones o porque está harto de repetir las cosas, alguien hurgando en un contenedor (aunque todo va ya muy bien, la verdad, sólo hay que  fijarse...), un niño que aguanta sus lágrimas en un patio cuando cree que nadie le ve o

Nos metemos donde nadie nos llama y con las cosas que de verdad importan no somos capaces de actuar. Buscamos enfrentamientos sin sentido y carentes de diálogo alguno en muchas ocasiones. Siempre es culpa del otro, por supuesto. Empezó él, decimos mientras señalamos con el dedo. Será que no estamos enseñando a asumir nuestros actos, para bien o para mal.

Doulas contra matronas, maestros contra profesores, docentes contra padres, directivos contra explotados, policías contra ladrones... y tantas cosas al cabo del día que uno va viendo y que te acaban por minar hasta la razón del sinsentido.

Perdemos el norte y nos enfrascamos en discusiones inútiles que no llevan a ninguna parte, pero en el camino olvidamos lo esencial y aparcamos en el fondo la cuestión que, sin embargo, deberíamos sacar a flote.

Me regañan y la pago con el siguiente en la cadena alimenticia de unos sentimientos  necrófagos que no he sabido digerir porque nunca me enseñaron.  
Llegamos cansados y lo pagamos con el que pillamos.
Me protestan y entonces yo voy y atosigo al otro.
Me echan para atrás mi idea tan genial y yo le grito al de al lado en el semáforo y me cago en sus muertos si hace falta, total, si pa qué.
Te hacen un reproche y tú devuelves un guantazo. Si es que se lo merecía, me ha provocado.


¿Qué es, entonces, lo importante? Y, ¿para quién?
¿Qué es lo que estamos transmitiendo a nuestros hijos? Y, ¿desde dónde?
¿Qué es lo que de verdad vamos a dejar para los años venideros?

¿Qué estamos criando y regando en el día a día?

¿Somos unos pobres tarados que siguen creando tarados?

Si educas de forma respetuosa (o todo o respetuosa que puedes, que también somos seres humanos y, gracias a dios, cometemos errores), malo; si educas de forma tajante, malo; si eres autoritario, peor; si eres flexible..., un blandengue; los pediatras te dicen, los amigos lo contrario, los maestros contradicen lo que crees y si no tú los contradices a ellos. Los hijos a los padres y viceversa. Pero muchas veces no encontramos puntos de unión ni inflexión en los que vertebrar un diálogo fructífero. El caballo del orgullo a veces galopa tan poderoso que mejor no nos bajamos y arrasamos con lo que sea. Aunque sea nuestra pareja, nuestro hijo nuestro padre o madre o el vecino que casi ni conoces.

La ignorancia es osada y atrevida. Eso ya lo sabemos. Y rancia. Lo lleva hasta en la misma palabra.

Malversamos la vida con chantajes emocionales sin precio que nos cuestan un riñón... o un cáncer si es menester. 

Y seguimos sin darnos cuenta.

Insisto, quizás hoy no sea el día.


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