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miércoles, 6 de mayo de 2015

La pedagogía del error

La pedagogía del error es algo que se me ocurrió nombrar una vez. Quizás alguien lo definiera ya con este nombre o parecido, no sé, no es que quiera apuntarme ningún tanto, nada más lejos, pero lo llamé así: pedagogía del error.

Y es algo sobre lo que he ido dejando comentarios en fb o en algunos de los artículos o entrevistas en las que he escrito o respondido.

La pedagogía del error, tal y como yo la concibo a partir de mi experiencia (y sin conocimientos de psicología ni nada parecido) consiste en basar tu metodología pedagógica valorando el error como instrumento de medición y no como medio de aprendizaje. Consiste en que, en centros escolares, bases tu valoración o evaluación no solo en el trabajo sino en los errores, penalizándolos como si de un castigo se tratase. Y claro... luego nunca ponemos dieces, porque todo el mundo, todo, absolutamente todo el mundo, se equivoca alguna vez. Incluidos los profes y maestros, claro (aunque algunos no lo saben aún, creo que juegan en una liga superior).

Considerar los errores de esta forma tiene diversos efectos negativos en nuestros alumnos o hijos:

1. Crea una duda más que razonable en sus potenciales, porque siempre temerán equivocarse.

2.  Ese miedo al error nunca les dejará crecer adecuadamente como personas en algunas o muchas de sus facetas, porque dicho miedo se apoderará de ellos de tal forma que no sabrán canalizar sus potencialidades de una forma adecuada o focalizada en lo realmente importante, más allá de errores posibles que se puedan cometer.

3.  Puede acarrear un aumento desconsiderado de la indefensión aprendida. No sólo temerán decir o hacer cosas por miedo a equivocarse, sino que les llevará a un estado de no decir y/o no hacer, en general, por muchas injusticias que haya a su alrededor.

4.  Se trunca de forma abrupta su capacidad de asumir consecuencias ante sus actos. Con lo peligroso que puede ser esto.

5. Se potencia en ellos una dependencia cada vez más real y tangible en la mayoría de sus vivencias: desde lo laboral hasta lo personal. Y es que, así, se les resta autonomía.

6. Se disparan los síntomas de "no sirvo para nada", "soy un inútil", "no seré nadie en la vida"...

7. Anulamos la capacidad de resiliencia que pueda desarrollar cualquier persona.


Y seguro que hay más cosas que añadir, no obstante, yo voy a parar ya en el punto 7, me parecen suficientes. Es más, puede que haya opiniones en contra. Yo sólo hablo de mi experiencia y, como siempre digo, no estoy en posesión de la verdad absoluta (en realidad, nadie está en posesión de ella).

Recuerdo mi etapa en el colegio. Y recuerdo grandes momentos y terribles momentos. Pero en este punto, recuerdo el pavor que me producía salir a la pizarra sólo por el hecho de que pudiera tener mal los ejercicios: algunos compañeros se burlaban (otros, no), algunos profesores también (otros, no) y algunos profesores te ponían mala nota por haberlo hecho mal (y no te valoraban las horas de trabajo que invertías en haberlo hecho), sólo por el mero hecho de hacerlo mal. Y al final pesaba más el haberlo hecho mal que el hecho de aprender y corregir.

Eso me ha costado muy caro, la verdad, y no me refiero al dinero... Y me ha llevado mucho tiempo el poder superar determinadas situaciones de mi vida, o momentos en los que no he sabido digerir, superar o enmendar determinados hechos. Sigo en la tarea de mejorar, pero eso ya es otra historia.

En mi profesión docente he ido cambiando mucho a lo largo de los últimos 15 años, ya no soy el que era y soy lo que soy por lo que he hecho, leído, aprendido y escuchado de otros o por mí mismo; y también, por mis errores. Sin embargo, nunca puse negativos o malas notas por hacer algo mal en una pizarra. Explico cómo hacerlo, les doy pistas de por dónde deben ir las cosas (a veces es simplemente indicarles que en el armario hay un diccionario), otras les felicito por haberlas hecho. Y conforme mis alumnos me han ido conociendo, han dejado de mostrar ese miedo al error, ese miedo irracional a no participar que los enclaustra en sus propias mentes. Mis alumnos tendrán muchas deficiencias en mi asignatura, pero no es la de salir reforzado de ellas (y eso que algunos no lo vivirán así, también es cierto; y es que cada uno tiene sus cadaunadas y sus percepciones de lo que vive son diferentes a las de los demás).


Los errores tienen casi siempre un carácter sagrado. Nunca intentéis corregirlos. Al contrario: lo que procede es racionalizarlos, compenetrarse con aquellos integralmente. Después, os será posible subliminarlos. (Salvador Dalí)


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jueves, 30 de abril de 2015

Sopla el viento del este

Voy a dejar volar la imaginación al son que nos marca el viento del este.

Ya casi todos sabemos lo que sucede cuando sopla el viento del este. 

Quizás no lo recuerdes, pero cuando yo te lo refresque lo verás más claro:

viento del este y niebla gris, 
anuncia que viene lo que ha de venir;
no me imagino qué irá a suceder, 
mas lo que ahora pase, 
ya pasó otra vez.

Con el viento del Oeste viene la bruja malvada en el maravilloso mundo de Oz, pero cuando sopla el viento del este, viene Mary Poppins y se producen cambios.


No voy a hablar de Mary Poppins, que ya tiene sus propios detractores y defensores; no, yo la uso metafóricamente para hablaros de que los cambios se avecinan, cada vez son más frecuentes y la plaga de los cambios en educación empieza a extenderse de forma más que visible.

Cada vez más padres exigen más y de mejor forma a los docentes de sus hijos; cada vez somos más los docentes que buscamos otras formas de hacer las cosas y aunque nos sigamos equivocando casi a diario, no dejamos de buscar incesantemente, de controlarnos más, de aprender, autoaprender y emprender nuevas posibilidades en nuestro mundo y del que, en cierto modo, depende el futuro de otros; cada vez son más las directivas que se preocupan de innovar y buscar opciones nuevas ante el empuje que ya está teniendo de facto este proceso.

No sé si la campaña mediática de los coles jesuitas de Cataluña tendrá algo que ver en todo esto, pero creedme cuando os digo que la innovación educativa ya no va por bilingüismos ni nuevas tecnologías, eso ya ha quedado superado (no olvidado). La innovación educativa va por otros derroteros bien distintos, por caminos inexplorados por algunos.

Caminos sin exámenes, sin notas, con educación respetuosa, con trabajos por proyectos, con un trato más humano y afectivo, en el que se fomente la participación de las familias, educación emocional y trabajos con las Inteligencias Múltiples o Proyectos, sin asignaturas...
Y lo más curioso (no voy a entrar en valoraciones de "lo mejor", "lo peor"...) es que, por ejemplo, en Málaga, se están moviendo mucho más los centros concertados. Y claro, luego vienen las quejas... pues ya veréis... y si no, al tiempo.
Los puristas de la educación pública lo mismo hasta van arañando el suelo con los dientes. No os preocupéis, algunos centros públicos se mueven en esta línea... pero aún nos queda mucho que hacer.

Esta semana pasada estuvieron, por ejemplo, Mireia Long y Azucena Caballero en el Colegio de El Limonar, haciendo un curso de la Pedagogía Blanca  con sus profesores.

Hay centros que están intentando inculcar a sus maestros la idea de no hacer exámenes, o de intentar no poner notas (salvo las exigidas obligatoriamente por la Junta al final de cada trimestre), centros que trabajan básicamente con Inteligencias Múltiples y Proyectos cooperativos (entre otros), centros en los que interactuan más que de palabras con varias asignaturas, donde los niños hablan, participan, se relacionan y hasta pasean por sus clases...

Quizás ni nosotros mismos veamos hasta dónde llega el alcance de todos estos cambios, pero lo que sí es cierto es que el viento ha cambiado, ahora viene del este. Y eso conlleva cambios, para bien y para mal.

Los maesrtos siempre hemos dicho que nuestra profesión es muy ingrata, porque nadie te lo agradece, no al menos, hasta que pasan años y surgen reencuentros. Ahora se hace aún más ingrato, pues no solo no reconocen nuestra labor (la de algunos, claro), sino que, además, los que pensamos en cambios viscerales dentro del engranaje somos rechazados de plano por la mayoría.

Y es que, como ya escribí una vez en mi facebook:
 “La verdadera educación de un hombre comienza varias generaciones atrás” Eleuterio Manero






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miércoles, 8 de abril de 2015

Sueño de una noche de primavera.

A lo largo de toda mi carrera profesional, siempre que he tenido opción para escoger (porque otras veces no escoges, eres el más pardillo, el útimo en llegar, el más joven... y te lo endosan igual), he elegido al peor alumnado posible, ya sea desde un punto de vista conductual o más bien académico (que, por otra parte, suele ir asociado en muchos casos, aunque, evidentemente, no en todos).

Sin embargo, hoy estoy aquí para confesarme: y si he de ser honesto, la verdad, estoy cansado. Mucho. Arrecia fuerte el temporal.

A veces cierro los ojos y me veo con una mayoría de alumnos y alumnas que saben leer y, además, les gusta; alumnos que saben escribir más o menos decentemente y entre los que puede haber alguno que escriba sus propias cositas; alumnado que pregunta con inquietudes sinceras, con deseos de hacer cosas nuevas, innovar, crear y aprender. Alumnado cuyas familias responden por ellos, los atienden, les ayudan e, independientemente de sus notas, los quieren y refuerzan. Alumnado que agradece, que participa y que protesta según qué momentos, con lógica, raciocinio, mesura y cariño.

Abro los ojos y sigo con un alumnado súper mega sistematizado que no sabe hacer ni la o con un canuto; que no saben manejarse fuera de ese sistema si no es a tientas, cegatones perdidos, a oscuras...

Alumnado que suele padecer un sinfín de situaciones nada agradables a nivel familiar, personal o social.

Alumnos y alumnas que se encuentran realmente perdidos.

Alumnos que si suspenden son severamente reprendidos o aplaudidos (las dos cosas, severamente, son erróneas a mi entender).

Alumnado que vaga por la vida sin más miras que las puestas en el qué rollo, a ver cuándo me voy, no me entienden, y yo que mierda hago en este instituto y otras ideas más o menos desarrolladas. Alumnado sin más latido que el pulso que mantienen con la vida por sobrevivir en un mundo caótico que no les tiene en cuenta.

Alumnos que se cagan en tus muertos cada dos por tres porque véte tú a saber.

Alumnos que solo entienden que hacerse valer es demostrar a los demás que se es muy duro, que no lloramos porque no somos mariconas (en palabras de ellos, no mías), que no necesitamos abrazos y que los besos son propios de nenazas, nosotros nos damos mejor unos cuantos golpes de pecho o varios tortazos, asumiendo que sabemos darlos bien y recibirlos mejor, que para eso somos unos machotes [nótese la ironía].

Alumnos y alumnas que respetan cuando les conviene , momentos que suelen coincidir cuando se encuentran bajo la bandera que enarbola el miedo auténtico, ese que te paraliza, ese que te inquieta y te quita el sueño y te guía hacia el camino de no atreverse a decir o a hacer.

Esos chicos que no tienen más pensamiento que en lo único, en disfrutar a tope porque todo es una mierda.


Y ante tanto fracasus horribilis decido cerrar otra vez mis ojos y veo a una inmensa cantidad de familias cariñosas que enaltecen las virtudes de sus hijos; familias reestructuradas según sus necesidades pero llenas de amor y respeto; familias que se preocupan por las cosas verdaderamente importantes para sus hijos; familias que respiran ternura; familias en las que el respeto rige el curso de sus vidas; familias que, aunque gritan, están preocupadas por hacerlo mejor y no solo por discutir si ganó el madrid; familias que dan abrazos, besos, caricias y lo demuestran con total impunidad y naturalidad; familias que trabajan colaborativamente con los profes y maestros para construir el mejor camino para sus hijos; familias que no compiten para que sus hijos sean aparentemente mejores (aunque luego sean unos tarados), o tengan aparentemente mejores notas o, aparentemente, hagan más tareas que nadie.

Y abro los ojos y veo que no, que sólo seguía soñando, imaginando, deseando, construyendo o predicando en el desierto.

Y entonces vuelvo a cerrar los ojos, por si eso es un sueño, pretendiendo hacer del sueño mi verdadera realidad. Y allí veo a multitud de equipos de profesores implicados en sus alumnos; profesores que entienden que sus alumnos son personas, no solo alumnos y que, como tales, tienen sus emociones sanas,  alegres, tristes o sus emociones encontradas; un profesorado que trabaja en equipo con la mejor de las intenciones y con un único objetivo: sacar lo mejor de sus alumnos; un profesorado que, precisamente por  ello, no califica como si se tratase de un plan de calidad industrial; unos compañeros que traben relaciones afectuosas con muchos de sus alumnos; unos profes que atienden y entienden a las familias, aquellas que se preocupaban por lo mejor para sus hijos, independientemente de notas y exámenes; un profesorado que trabaja colaborativamente con los padres y madres para construir el mejor camino para sus alumnos; profesores que acompañan, guían y dan luz a esos seres tan entrañables y faltos de cariño; profesores que desmitifican la historia para crear una nueva; un grupo de profesores que entiende que, en ocasiones, debemos romper con lo establecido para perseguir un bien mayor; un equipo de gente que no solo trabaja docentemente, sino decentemente; profesores de corazón, de alma, profundos y empáticos; profesores formados en muchas más capacidades que la simplemente academicista; profesores que cometan errores y aprendan de los mismos sin que nadie de fuera venga a evaluarlos con la acritud necesaria para ponerle de mal humor o replegarse en su caracola oscura y protegida de los rayos del sol; un profesorado capaz e interesado en construir un mundo mejor y no sólo en cobrar un sueldo.

Y vuelvo a abrir los ojos y veo a unos pocos, realmente pocos...

El sueño de una noche de primavera, no más.

Es un sueño que espero algún día ver hecho realidad.

Sueño con que valoremos a las personas  en su compleja totalidad. En la suya, no en la nuestra.



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viernes, 27 de marzo de 2015

Complejo de salmón de un autoestopista

Cuando te quedas embarazada (evidentemente yo no, pero salvando las distancias, lo viví con toda la intensidad que pude, aunque mis sensaciones estuvieran a años luz de las de mi mujer), es cierto que, como cuenta todo el mundo, de repente sólo ves embarazadas y carritos de bebés por todas partes en una cantidad ingente, como no lo habías visto nunca. Eso habría que atribuirlo a los mecanismos de la mente y no es éste el post ni soy yo la persona idónea para explicarlo.

Con esto, lo que quiero decir es que cuanto más se mete uno en el maravilloso mundo de vamos a cambiar este sistema educativo más cosas interesantes te encuentras y más propuestas y proyectos descubres.

Sin embargo, un altísimo porcentaje de esas propuestas son de infantil y primaria. De lo cual me alegro, porque son las etapas en que deberían empezar a realizarse estos cambios.

En secundaria estamos unos pocos (muchos también, pero un porcentaje mucho menor), unos pocos "tarados" que nos dicen a veces (y a mucha honra, que se suele decir). Pero somos muy pocos. 

No me gustaría definirlo como una lucha diaria, pero lo que es cierto es que la dialéctica constante en la que nos sumergimos con alumnos, padres, compañeros, sociedad en general es tal que realmente es agotador. Hay que tener las cosas muy claras para saber transmitirlas, para que lleguen y para que otros crean que esto es así. Pero, casi a diario, nos acabamos dando, al menos, dos o tres cabezazos contra paredes de hormigón.

No tenemos respaldo de ningún tipo y la selectividad asoma tras la puerta como espada de Damócles, dispuestas a atravesarnos la cabeza en un santiamén. En secundaria preocupan mucho más que en primaria las notas, los informes, las expectativas; el agobio se dispara, y el sentimiento de hiperresponsabilidad mezclado con la sensación de "no cumplo lo que se esperaba de mí" se incrementa de forma industrial en los chicos. El fracaso se multiplica y el abandono escolar llega a límites insospechados.

Se hace muchas veces tan cuesta arriba que, incluso, hay momentos en que renuncias a cosas por no entrar en más conflictos. Renuncias a principios, renuncias al tiempo, renuncias a tu energía para otras cosas, renuncias a los chicos con los que trabajas... hay momentos en que todo se ve mucho más negro.

La soledad aprieta.

Y es que es verdad que somos muy pocos en comparación con otras etapas... somos 4 gatos, 4 lunáticos... o 4 autoestopistas de la galaxia... da igual el nombre que nos pongan, nos sentimos solos y nos espera un río muy largo que remontar para poder llegar al origen de todo y poder allí desovar para que surjan nuevas vidas.

Somos como ese salmón que sube el río contracorriente, como una lluvia de asteroides que hemos de esquivar mientras todos se te echan encima a una velocidad vertiginosa... pero ahí seguimos sobrevolando un espacio paralelo (que no para lelos) al de la mayoría.




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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Entrevista en RNE. El canto del grillo.

Esta vez os dejo el podcast de RNE con la entrevista que me hicieron la semana pasada en El canto del grillo, programa que recomiendo (hay de todo y para todos los gustos, solo hay que elegir).
Os lo dejo en formato vídeo a través de youtube porque pesaba demasiado como para incrustarlo en el blog directamente.

Gracias a Yolanda Náñez, productora del programa, por fijarse en mi entrevista con Gema Lendoiro en ABC y decidir buscarme para este programa de radio.

Gracias a Azucena y Mireia (La Pedagogía Blanca), por fomentar estos encuentros. 

Gracias a RNE-Málaga por abrirme sus puertas a horas intempestivas para poder realizar dicha entrevista.

Y gracias a todos y todas los que colaboráis para tener un mundo mejor, cada uno desde su sitio y/o trabajo, desde su perspectiva. Si creéis que estas cosas son buenas, no dudéis en rebotarlas por las redes sociales, en ocasiones, calma mucho e infunde confianza el hecho de ver que no eres el único. En otras ocasiones te da igual si tú lo tienes claro, también es cierto. Pero puede que haya gente que oiga palabras o que lea cosas que le hagan reflexionar, meditar o actuar, como yo lo he hecho cuando he oído o leído a otros.

Solo desearos que os guste, que la disfrutéis y que, si es así, le deis publicidad. Entre todos se pueden cambiar las cosas, solo hay que ponerse. Y yo, hartito ya de tantas cosas, me he puesto en marcha. ¿Quieres colaborar? Solo comparte, no cuesta dinero.

Y cualquier cosa que se te ocurra, siempre que sea constructiva, puedes dejar un comentario.

Gracias.
                              
                              
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sábado, 29 de noviembre de 2014

Este artículo me lo han "aguado"

A raíz de un artículo en ABC sobre un nuevo sistema educativo en Nueva Zelanda en el que están quitando las normas, y cuando decimos quitar las normas, nos referimos a las supérfluas, que esto siempre hay que especificarlo, porque luego vienen los iluminados a decirnos que cómo se van a quitar las normas y que, y que... No señores, no es que nos volvamos salvajes, es que pongamos las mínimas normas, las necesarias, las que surgen del respeto humano (que se demuestran y se aprenden mejor con hechos que con normas, dicho sea de paso). 

Pues bien, como decía, en ese mismo artículo le preguntan a D. Gerardo Aguado, profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra:
>> ¿Y eso de enseñar divirtiendo? ¿Debe ser el aprendizaje ameno, con el fin de obtener resultados más satisfactorios? «Eso es una tontería», remacha el experto. «Si enseñamos divirtiendo los niños jamás serán adultos, siempre serán unos bebés o personas muy infantiles. Los pequeños deben saber que el mundo no es bello, ni justo, y que vivir en él es difícil. Por ello digo que la única forma de ser libre es tener unas normas, que ya nosotros decidiremos si cumplimos o no».

Y como quiera que sea, yo también tengo derecho a expresar mi opinión al respecto. Y no voy a hablar de Nueva Zelanda.

A ver cómo desgranamos esto teniendo en cuenta que hablamos desde un punto de vista educativo, hablamos de infancia, de alumnos de primaria, secundaria... y, en última instancia, de personas.

Me está diciendo el señor catedrático que lo mejor es poner normas, pero que luego ya veremos si las cumplimos o no, entonces, pregunto: ¿para qué poner tantas normas? O lo que es peor, ¿para qué enseñar tantas normas y desde tantas normas? ¿Para enseñar a cómo saltárnoslas? ¿Para enseñar a dilucidar entre cuáles me salto o no? Y, me surgen otras... ¿Para qué? ¿Para llegar a ser Ministra de Sanidad (un ejemplo entre miles) y acabar manchada presuntamente con la tinta de la corrupción porque presuntamente decidí saltarme las normas de todo tipo habidas y por haber?
Y todo eso, solo para obtener la consecución de un ojetivo que me parece fundamental: ser libres. Entonces para ser libres, verdaderamente libres y poder optar entre cumplir o no las normas, decidimos educar normatizando todo. Conozco miles de (licencia literaria, son menos de mil, porque no conozco tantos) centros de secundaria donde los chicos no pueden salir de sus clases entre horas o ir al cuarto de baño si no es con permiso.

Si llevamos tantos años haciendo esto de una misma forma, ¿no podríamos cambiar? ¡Aunque solo sea para ver si funciona! Por que si funcionase sería la pera limonera. ¿Y si, tal vez, dejamos que los niños, desde niños, sean libres (no salvajes, ya lo escribí antes) y aprendan a discernir entre las opciones que se les plantean? Quizá aprenden así a partir de la propia  experiencia. Si esos chicos hubieran gozado de ciertas libertades en infantil y primaria, seguro que en secundaria las seguirían disfrutando. Y cómo no conozco bien las etapas de infantil y primaria desde dentro, no sé en qué momento se tuerce todo, si es por unos o por otros, en primaria, en secundaria, en sus casas en un verano... no quiero yo echar culpas y quitarme el muerto de en medio, no, es que no sé bien dónde ni cómo se produce eso.

Sin embargo, y dicho ya todo lo anterior, y ahora hablo de secundaria, donde trabajo, y de primaria (por mis hijas), cuando les das libertades, cuando les dejas que se equivoquen, cuando les das responsabilidades... aprenden a una velocidad vertiginosa. Anda pero es que se equivocan... claro... como yo me equivoqué en su día, y como me equivoco ahora y como espero equivocarme en muchas cosas en la vida que me quede. Cuando le dices al chico con peor comportamiento de tu clase, ese en quién nadie confía, ese al que muchos temen o no soportan y le dices que vaya a hacer un recado por favor, se le queda cara mezcla de póker mezcla de ¿yo? ¿Estás seguro? Pero aquí entramos ya en otro tema, que es la confianza, y eso será otro día.

«Si enseñamos divirtiendo los niños jamás serán adultos, siempre serán unos bebés o personas muy infantiles. Los pequeños deben saber que el mundo no es bello, ni justo, y que vivir en él es difícil».

Uf... Del juego creo que hablaré otro día por no extenderme demasiado hoy. Y de que los adultos sean unos bebés o infantiles porque jugaron mucho... creo que también, porque tendría que hablar de tanto, que acabaría escribiendo un libro... que llegará... Y la palabra bello hablando de la vida me lleva, precisamente, a eso, a La vida es bella, película dulce, tierna y cruda donde nos queda muy clarito que la vida no es bella, ni justa (en muchos momentos, claro). En el mundo hay guerras, hay violencia, hay falta de solidaridad, hay egoísmo, hay asesinos en serie y en serio, y tus familiares se mueren, y tu pareja te abandona, y hay profesores con mucha falta de sensibilidad, también. Y yo qué sé la cantidad de cosas duras y difíciles que hay en la vida.

Pero... ¿insinuar que no se puede jugar con los niños porque la vida es dura? ¿Calificar el juego de tontería y compatibilizarlo con ser profesor de la Facultad de Educación y Psicología de una Universidad? La verdad, quizás sea yo el que esté equivocado y, como siempre digo, yo no estoy en poseesión de la verdad, pero, aunque sea dentro de mi equívoco, me gusta más apostar por el juego que por la crudeza, señor Aguado y, creáme, muchos niños saben ya desde niños lo difícil que es el mundo, no tienen por qué ir a una escuela para saberlo. Ojalá estuvieran vivos los niños de Avilés (y otros muchos, desgraciadamente) para poder preguntarles, o preguntemos a los que sufren abusos sexuales de sus propios padres, de sacerdotes, de..., o a los que no tienen qué comer...

El mundo no es bello ni justo, es difícil, sí señor, en ocasiones lo es, aunque no siempre. Y creo que lo suyo es educar para aceptar y superar lo mejor posible esos momentos difíciles en lugar de, como hacen muchos irrespetuosos con la infancia que hay por ahí, hacérselo ya difícil a los niños. Que ya bastante nos han aguado muchos la infancia para que se sigan promulgando estas actitudes a estas alturas de la vida.

Aunque, insisto, es mi opinión. Sólo mi opinión.


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miércoles, 22 de octubre de 2014

A mí los niños me respetan...


"Pues a mí los niños me respetan" (y con una entonación que pa qué...)
Estoy hasta el moño de esa frasecita.


No me canso de decir que el respeto no es temor mordoriano. A ti los niños no te respetan, te tienen miedo. Puro y duro. Y cuando tienes miedo, ni pestañeas sin permiso, todas tus neuronas, todo tu ser te paraliza, y así lo demuestran los últimos estudios neurocientíficos acerca de nuestro cerebro reptiliano. Te apuntan con una pistola y el criminal te dice:

- ¿Ves? Tú me respetas.

No es que respetes, más bien es que estás cagao con una magnum 45 apuntándote a la sien.

Pues así, horas y horas que sufren montones de niños en clase. Que te pongo un parte, que vas al director, al jefe de estudios, que llamo a tus padres y te vas a enterar, que te expulso... los más osados hasta mandan copias... un sistema novedoso que está haciendo furor.
Esa sensación de miedo queda claro que hace de los niños unas simples marionetas, faltas de creatividad, asustadizas y con una autoestima en declive.
He comprobado, en mi trabajo y en mi casa, que es mucho más efectivo y, a la larga, mucho más rentable, sentarte a hablar con los niños, con las personas, mostrarles que estás ahí y que las cosas se pueden hablar.

Lleva mucho más tiempo.
Requiere muuuucha más paciencia.
Es muuucho más cansado a priori...
Pero no hay color entre una forma y otra.
Si aún ponéis copias, os recomiendo que charléis con esos chavales/hijos que os dan problemas.
Con el tiempo (con mucho tiempo) ganáis vosotros y, sobre todo, ganan ellos.

Sin embargo, ciertamente, tenemos que hablar de otro aspecto: existen algunos alumnos en nuestros centros que por su particular y especial idiosincrasia (contexto familiar, social, afectivo...) no encajan de ninguna forma y bajo casi ningún contexto. He hablado y dedicado multitud de horas con ellos y no ha cambiado en su rutina diaria prácticamente nada. Quizá en el tiempo lo recuerden, pero en el día a día, nada de nada. Y en ese día a día sí que hay otros chicos y chicas que quieren aprender, formarse, leer, preguntar y participar activamente de su formación (estemos o no de acuerdo con el sistema, lo cierto es que es así). Y no podemos olvidarnos de ellos por respetar a los otros. Con los conflictivos hay que intentar, hablar, chocar las palmas o abrazarlos si se dejan... pero no puedes ayudar a una persona si esa persona no se deja ayudar. Es imposible. Llegado a ese punto, tienes que dejar que los demás puedan desarrollar sus habilidades con comodidad, sin perjuicio alguno. Es así de triste, pero es así.

Lo cierto es que la administración debería dejarnos actuar con los chavales conflictivos de alguna forma útil y adecuada...

Alguna vez, tras expulsar a un alumno del centro, la madre me venía y me decía que no lo expulsara, que lo dejara en el centro y que lo pusiera a lavar los baños... ¡Ja! Si hiciéramos eso... la administración y multitud de asociaciones se nos echarían encima. Pero es que, además, tampoco sería útil. Sería un castigo más. Con lo cual, no es una opción útil.

Con estos chicos habría que arreglar cosas, pintar paredes o decorar con grafitis, hacer cosas manipulativas... no sé... depende de las habilidades y de los contextos... Eugenio, un gran artista, lo hacía con un grupo de chavales muy conflictivo en un centro en el que coincidí, cuando la administración nos dejaba y pagaba a un artista (no era profesor) para dedicarse a esos chavales con un horario lectivo como el de un profesor... Luego decidieron que ese dinero no era rentable... Los chicos conflictivos no son rentables. Es mejor invertir en redadas policiales que en educación.

Lo cierto es que la selva en la que estamos inmersos en los centros educativos, a veces, invita al homescholling, tan respetable como cualquier otra metodología. Pero no voy a hablar de esto ahora.

Hoy tocaba hablar del respeto, ese que se gana y no ese que se amenaza. Y, desde ese respeto, ayudar a los chicos en la escuela en lo que se pueda, y eso pasa por ayudar, también e igualmente, a los que muestran interés por aprender.

miércoles, 15 de octubre de 2014

¿Por qué educamos igual que hace 100 años?


“El director del informe PISA afirmó ayer que España no mejora en el rendimiento académico porque se sigue enseñando como hace décadas, mediante la memorización de fórmulas y frases; porque no se apuesta claramente por la capacidad de cada alumno para aprender, atendiendo a su particularidad; y porque ni se valora ni se conoce el trabajo de los profesores, a quienes no se les da libertad para enseñar.” La voz de Galicia, 4 de febrero de 2014


Vamos a ver. El conocido informe PISA  nos deja por los suelos en materia educativa. No hay que ser un lince ni hace falta leer el informe para ver que esto es así. Y su director dice estas cosas de nosotros y de nuestro sistema. ¿Tan evidente es para para los de fuera y tan oscuro para los responsables de aquí?

Siempre hemos criticado a las grandes instituciones por llevar tanto retraso en su adecuación temporal con la realidad cotidiana. Quiero decir, siempre se le critica a la Real Academia de la Lengua Española que no admita palabras en su diccionario hasta que no pasan cincuenta años, se le reprocha a la iglesia católica que no admita cosas evidentes en el mundo actual y para las personas que en él vivimos ahora y no hace o dentro de 50 años; incluso no se sabrá si de verdad se pisó la luna o quién mató a JFK hasta que estemos todos muertos y nuestros descendientes sólo puedan decir: "mira... los engañaron...pobres..."

¿Por qué el sistema educativo lleva ese mismo retraso? 
Pues, entre otras cosas, por lo que nos dice el director del mencionado informe, ése que nos deja a todos a la altura de una babucha... 

¿Comemos igual que hace 50 ó 70 años? Yo no estaba, pero sé que no.
¿Nos divertimos igual que hace tantos años?
¿Leemos las mismas obras literarias?
¿Escribimos en pizarritas individuales?
¿Mojamos las plumas en tinteros?
¿Nos relacionamos unos con otros de la misma forma? (algunos así parecen hacerlo, pero la verdad es que no)
¿Pensamos y actuamos igual que en el siglo pasado?
¿Enfermamos o curamos igual que hace décadas?
¿Seguimos llamando a nuestros padres y madres de usted?
¿Jugamos en  su mayoría con caballos de alambre y muñecas de trapo...hechas en casa, no compradas?
¿Tenemos las mismas preocupaciones que antaño?
¿Nos desplazamos de igual forma?
¿La comunicación se realiza con los mismos medios?
¿Cultivamos igual?
¿Comerciamos de formas similares?
¿Hacemos el pan igual?
¿Usamos la misma tecnología?
¿Nos reímos con los mismos chistes?



Entonces... ¿por qué seguimos enseñando de la misma forma? Quizás porque es la única que hemos conocido y porque nadie nos enseña, nos incita, nos provoca o nos permite cambiar los modos de actuar. Y si no lo hacemos cada uno en su faceta, si no cambiamos cada cual en lo suyo, seguiremos con más de lo mismo, en sitios iguales o parecidos. Cada cosa que hagamos es como una onda en un estanque, es como la peli de cadena de favores... cualquier cosas que hagamos puede tener un gran impacto.

Ser raro no es malo, revolucionar no es malo, promover la cultura, el respeto, la motivación, sacar lo mejor de otros, transmitir valores adecuados para ser felices...

Lo que muchos llaman la resistencia al cambio. Mejor malo conocido que bueno por conocer. 

Y con esa mentalidad nos quedamos sin conocer tantas y tantas cosas...

sábado, 11 de octubre de 2014

Estreno blog con una entrevista para ABC

Me estreno con este blog de carácter personal... Antes había hecho cosas en cursos o para los alumnos, pero nunca para llevar un cuaderno de bitácora de esta índole.

Sois muchos los que me lo habéis pedido y me parece buena idea. A veces el facebook no es suficiente para exponer una idea concreta.

Y decido estrenarme por todo lo alto: os dejo el enlace de la entrevista que me ha hecho Gema Lendoiro para el abc digital. Espero os guste. Sé que va a levantar ampollas, pero no creo que eso sea malo; sé que hay gente que no va a opinar igual, gracias a Dios; intuyo que algunos me llamarán iluminado... ojalá lo fuera; y no me extrañaría que alguno se cagara en mis muelas, lo siento, no están disponibles.

Por lo demás, es lo que pienso y lo que siento... como siempre.

«La motivación no está en la importancia de la persona, sino en el éxito profesional»

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